Descubre los mejores lugares que ver en Milán, una de las ciudades más importantes y visitadas del norte de Italia. Lo primero que suele venirte a la cabeza cuando piensas en Milán probablemente sea la moda, el imponente Duomo, la famosa Última Cena de Leonardo da Vinci o incluso los históricos Inter y AC Milan.
La capital lombarda de Milán evoca elegancia, historia y ambiente cosmopolita que mezcla edificios históricos, cafeterías clásicas, barrios modernos y escaparates de lujo bajo el sonido de los antiguos tranvías amarillos. Hay algo especial en caminar por sus plazas, perderte entre calles llenas de vida o ver cómo el mármol blanco de la catedral cambia de color con la luz del atardecer mientras la ciudad sigue moviéndose a toda velocidad a tu alrededor.
Aunque mucha gente la visita solo durante un día, creemos que Milán merece bastante más tiempo. En un día puedes hacer un recorrido y visitar algunos de los sitios imprescindibles, pero lo recomendable es dedicar al menos 2 días a la ciudad para explorarla más a fondo. Además de lugares tan conocidos como el Cenáculo de Da Vinci o el barrio de Navigli, también esconde rincones menos turísticos, mercados, patios históricos y uno de los ambientes más cosmopolitas de Italia. Tras haberla visitado en dos ocasiones, he prepado una guía muy completa para que puedas recorrer la ciudad italiana fácilmente.
Sigue leyendo para conocer cada uno de los lugares imprescindibles que ver en Milán y preparar una ruta completa por una de las ciudades más interesantes del norte de Italia. ¡Vamos a ello!

Free Tour por Milán
Para empezar tu visita a Milán, una buenísima idea es apuntarte a un free tour acompañado de un guía en español. Es una forma muy cómoda de situarte en la ciudad mientras recorres algunos de sus lugares más importantes, como el Duomo, la Galería Vittorio Emanuele II, el Teatro alla Scala o el Castillo Sforzesco. Además, durante el recorrido suelen contar bastantes curiosidades e historias que ayudan mucho a entender mejor la ciudad desde el primer momento.
Catedral de Milán – El lugar más TOP que ver en Milán
El Duomo de Milán es un imponente templo cristiano que nos dejó completamente boquiabierto nada más llegar. Cuando te plantas bajo la inmensa fachada de la Catedral de Milán y levantas la vista hacia sus agujas, esculturas y relieves de mármol blanco rosado, entiendes perfectamente por qué es uno de los grandes imprescindibles que ver en Milán. Nosotros nos quedamos bastante rato simplemente observándola y haciendo fotos porque sinceramente nos pareció una de las catedrales más impresionantes que hemos visto tras años viajando por medio mundo. Su construcción comenzó en 1386 y tardó casi seis siglos en completarse, algo que explica la mezcla de detalles y estilos de diferentes épocas que puedes ver hoy, con predominio del gótico.

La fachada está llena de curiosidades. Tiene más de 3.000 esculturas repartidas por todo el edificio, además de gárgolas, figuras religiosas, animales y relieves escondidos entre los pináculos. Uno de los detalles más curiosos es la estatua de la Ley Nueva, esculpida por Camillo Pacetti en 1810, que muchos relacionan con la futura inspiración de la Estatua de la Libertad de Nueva York por su postura y la antorcha levantada. También destaca la famosa Madonnina, la figura dorada situada en lo más alto del Duomo y convertida en uno de los símbolos de Milán.

Dentro de la catedral merece la pena fijarse en la inquietante estatua de San Bartolomé, representado con su propia piel sobre los hombros, una de las esculturas más impactantes del interior.

Tamnbién te recomendamos subir a las terrazas del Duomo. Caminar entre agujas góticas, esculturas y arbotantes de mármol, casi tocándolos con la mano, es una de las experiencias más especiales de Milán. Desde arriba tienes unas vistas increíbles del centro histórico. Además, durante la visita puedes encontrar otros detalles curiosos, como el enorme reloj solar del suelo o el clavo que, según la tradición, pertenece a la cruz de Cristo y se conserva sobre el altar mayor.

Si puedes, te recomendamos reservar la visita completa con acceso a las terrazas porque merece muchísimo la pena.

Plaza del Duomo
La Plaza del Duomo es el punto más animado y caótico de Milán. Es una plaza amplia, siempre llena de gente, con turistas por todas partes, artistas callejeros y algún que otro puesto ambulante. En el centro verás la estatua de Víctor Manuel II, y alrededor se levantan algunos de los edificios más importantes, como el Duomo de Milán, la Galería Vittorio Emanuele II o el Palacio Real. También te encontrarás con muchas palomas rodeando a turistas, una escena bastante típica que verás en cuanto pongas un pie aquí.

Galería Vittorio Emanuele II
A pocos metros del Duomo de Milán tienes la Galería Vittorio Emanuele II, uno de esos lugares que no puedes pasar por alto aunque no tengas intención de comprar nada. Es una galería comercial del siglo XIX, conocida como el “Salón de Milán”, construida en forma de cruz y cubierta por una estructura de hierro y cristal que deja pasar la luz de una forma bastante elegante. Lo primero que te llama la atención es su gran cúpula central, justo en el cruce de las galerías, donde siempre hay gente parándose a mirar hacia arriba. Además, conecta directamente la Plaza del Duomo con la zona del Teatro alla Scala, así que es un paso casi obligado y un imprescindible que ver en Milán.
Dentro te rodean tiendas de lujo como Prada, Gucci o Louis Vuitton, junto a cafeterías históricas donde puedes sentarte un rato a tomar algo, aunque te avisamos que los precios en este lugar tan exclusivo no son precisamente bajos.
Pero más allá de eso, hay un detalle que todo el mundo busca, el famoso mosaico del toro en el suelo. La tradición dice que tienes que colocar el pie en el hueco y girar sobre ti mismo para tener buena suerte. Nosotros lo hicimos, más por curiosidad que otra cosa, pero es uno de esos pequeños rituales que forman parte de la experiencia cuando pasas por aquí.

Piazza Mercanti – Un rincón interesante que ver en Milán
A pocos pasos del Duomo de Milán te encuentras con la Piazza Mercanti, un rincón muy especial que ver en Milán. Aquí el bullicio baja y te metes en una plaza que fue durante siglos el centro comercial y administrativo de la ciudad. Su origen se remonta a la Edad Media, aunque este punto ya era un cruce de caminos importante mucho antes, incluso en época prerromana, lo que explica por qué Milán empezó a crecer justo alrededor de esta zona.
Cuando la recorres, ves que todavía conserva ese aire medieval gracias a los edificios que la rodean. Aquí tienes algunos de los más importantes, el Palazzo della Ragione, donde se celebraban juicios; la Loggia degli Osii, desde donde se anunciaban decisiones públicas; el Palazzo delle Scuole Palatine, antigua escuela de prestigio; la Casa dei Panigarola, donde se redactaban decretos; y el Palazzo dei Giureconsulti, vinculado a la actividad comercial. Fue uno de esos rincones inesperados de nuestra visita a Milán que no llevábamos muy marcado y que al final nos encantó, porque además de ser muy fotogénico, se conserva bastante auténtico y poco frecuentado por los turistas.

La Última Cena de Leonardo da Vinci en Santa Maria delle Grazie
Junto al Duomo de Milán, La Última Cena de Leonardo da Vinci es probablemente la visita más demandada por los turistas, y no es de extrañar. En la iglesia de Santa Maria delle Grazie, a unos 20 minutos caminando del centro, se esconde una de las obras más importantes del arte mundial. La Última Cena o Cenáculo Vinciano, pintada por Leonardo da Vinci a finales del siglo XV. Se encuentra en la pared del refectorio del antiguo convento dominico, es decir, el comedor donde comían los monjes. Es una pintura que impresiona por el tamaño y por cómo representa el momento en el que Jesús anuncia la traición, con cada personaje reaccionando de forma distinta.

El estado de conservación es bastante delicado, ya que Leonardo utilizó una técnica experimental que hizo que la pintura se deteriorara con el tiempo. A eso se suman guerras, humedad y restauraciones, por lo que hoy el acceso está muy limitado y controlado.

Las visitas se hacen en grupos pequeños y durante pocos minutos, así que no es la típica visita que improvisas allí en la ciudad. De hecho, conseguir entrada es bastante complicado, tienes que reservar con bastante antelación, a veces meses antes, y estar pendiente en cuanto salen a la venta porque se agotan rápido. Nosotros no conseguimos verla en el primer intento, así que si quieres asegurarlo, aquí sí conviene planificar bien. Sin duda, es uno de los imprescindibles que ver en Milán.
Teatro alla Scala – La famosa ópera que ver en Milán
El Teatro alla Scala es otro de los lugares imprescindibles que ver en Milán, sobre todo si te gusta la ópera, la arquitectura clásica o simplemente quieres visitar uno de los edificios con más historia de la ciudad.
Se encuentra muy cerca del Duomo, en la elegante Piazza della Scala, y aunque por fuera puede parecer bastante sobrio comparado con otros monumentos de la ciudad, merece la pena acercarse para verlo. Fue inaugurado en 1778 y su fachada neoclásica mantiene ese aire elegante y discreto típico de muchos edificios históricos italianos. Además, toda la zona que lo rodea tiene muchísimo ambiente, especialmente al atardecer, cuando la plaza empieza a llenarse de gente y músicos callejeros.
Por dentro cambia completamente. Yo tuve la suerte de visitarlo hace ya bastantes años en mi primera vez en Milán y recuerdo perfectamente la impresión al entrar en la sala principal, con los palcos decorados en rojo y dorado, la enorme lámpara de araña y esa acústica por la que este teatro se hizo famoso en todo el mundo.
Por aquí pasaron artistas históricos como María Callas, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo o compositores como Verdi y Puccini, que estrenaron algunas de sus obras más importantes en este escenario. Aunque no vayas a ver una ópera, merece mucho la pena entrar a visitar el teatro y el museo para conocer un poco mejor la historia de uno de los templos de la ópera más famosos del planeta.

Pinacoteca de Brera y Barrio de Brera
La Pinacoteca de Brera es uno de los museos más importantes de Italia y una parada muy recomendable si te gusta el arte. Se encuentra dentro del elegante Palacio de Brera, un edificio histórico del siglo XVII donde también están el precioso Jardín Botánico de Brera y el famoso Observatorio Astronómico, el lugar donde el astrónomo Giovanni Schiaparelli observó por primera vez los conocidos «Canales de Marte».
Dentro del museo puedes ver obras de artistas como Caravaggio, Rafael, Tintoretto o Mantegna, así que no es solo un museo bonito, también es uno de los espacios culturales más importantes de Milán.
Nada más salir te espera el Barrio de Brera, una de las zonas con más encanto para pasear por Milán. Aquí encontrarás calles pequeñas, galerías de arte, terrazas, tiendas curiosas y rincones con un ambiente más bohemio que en otras partes del centro. Además, merece la pena acercarte al Piccolo Teatro y a algunas de sus iglesias más conocidas, como la Chiesa di San Marco, la Chiesa Santa María del Carmine, la Basílica San Simpliciano o la Chiesa di Sant’Angelo. Es un barrio perfecto para perderte un rato y descubrir otra cara de la ciudad, más tranquila, artística y local.

Castillo Sforzesco de Milán
El Castillo Sforzesco fue otra de las visitas que más nos gustó en Milán. Esta enorme fortaleza de ladrillo rojizo comenzó a construirse en el siglo XIV y durante siglos fue residencia de los duques de la familia Sforza. Nada más verlo llaman la atención sus murallas, la gran torre central y ese aspecto de castillo clásico que parece sacado de otra época. Además, gran parte del recinto exterior y el patio principal pueden visitarse gratis.

En el interior hay varios museos y obras importantes de artistas como Miguel Ángel o Leonardo da Vinci, aunque incluso sin entrar merece muchísimo la pena acercarse. Justo detrás se encuentra el enorme Parque Sempione, perfecto para descansar un rato después de la visita, y muy cerca también puedes ver el Arco della Pace. Nosotros aprovechamos para pasear tranquilamente por toda la zona y nos pareció uno de los rincones más agradables y tranquilos de Milán.

Parque Sempione y Arco della Pace
El Parque Sempione nos pareció un auténtico remanso de paz en medio del ritmo caótico de Milán. Justo detrás del Castillo Sforzesco se abre este enorme parque de estilo inglés lleno de caminos, estanques y grandes zonas verdes donde la gente pasea, hace deporte o simplemente se tumba en el césped cuando hace buen tiempo.

Al fondo destaca el majestuoso Arco della Pace, un enorme arco triunfal del siglo XIX relacionado con la época napoleónica y el Congreso de Viena. Si tienes tiempo, también merece la pena acercarse a la Torre Branca, un mirador de más de 100 metros con unas vistas muy bonitas sobre la ciudad.

Quadrilatero d’Oro
El Quadrilatero d’Oro es la zona donde entiendes rápidamente por qué Milán está considerada una de las capitales mundiales de la moda. Entre calles elegantes como Via Monte Napoleone, Via della Spiga o Via Manzoni se concentran algunas de las tiendas y escaparates más exclusivos del planeta. Aunque no tengas pensado comprar nada, merece muchísimo la pena pasear por aquí y curiosear un rato porque todo tiene un aire muy sofisticado, desde las boutiques de Gucci, Prada o Armani hasta los antiguos palacetes y cafeterías escondidas entre las calles. Nosotros acabamos dedicando un rato por la zona simplemente para mirar escaparates y saciar nuestra curiosidad, pero sin comprar nada.
Tranvía amarillo – Un icono que ver en Milán
Una de las imágenes más típicas y fotogénicas de Milán es la de sus famosos tranvías amarillos recorriendo las calles del centro entre edificios históricos y cafeterías elegantes. Algunos de estos tranvías clásicos llevan funcionando desde hace casi un siglo y todavía conservan sus interiores de madera. Nosotros acabamos varias veces esperando el momento perfecto para sacar una foto con el tranvía pasando y la ciudad de fondo. Nos encanta el resultado. Es un verdadero símbolo de la ciudad y algo especial que ver en Milán.

Basílica de San Ambrosio
Otro de los lugares que más nos sorprendió en Milán y que ni siquiera llevábamos apuntado en nuestro itinerario inicial fue la Basílica de San Ambrosio. Esta iglesia dedicada al patrón de la ciudad fue fundada entre los años 379 y 386 por el propio San Ambrosio y está considerada uno de los mejores ejemplos del románico lombardo. Nada más llegar llaman la atención su enorme patio porticado, las dos torres desiguales y su fachada de ladrillo rojizo.
El interior también merece muchísimo la pena y además la entrada es gratuita. Dentro puedes ver mosaicos paleocristianos, antiguos sarcófagos, el famoso altar de oro de Volvinio y la cripta donde descansan los restos de San Ambrosio, San Gervasio y San Protasio. Fue una visita bastante chula, de las que acabas disfrutando mucho más de lo que esperabas mientras recorres uno de los rincones menos turísticos de Milán.

Columnas de San Lorenzo
Las Columnas de San Lorenzo son uno de los pocos restos de la antigua Mediolanum romana que todavía se conservan en Milán y uno de esos rincones con muchísimo ambiente al caer la tarde. Estas 16 enormes columnas de mármol del siglo II se encuentran frente a la Basílica de San Lorenzo y forman una de las estampas más curiosas de la ciudad. Nosotros pasamos por aquí camino de Navigli y nos encantó el ambiente joven, las terrazas y la mezcla entre historia romana y vida local milanesa.

El Barrio Navigli es el antiguo barrio de canales conserva y todavía conserva el Naviglio Grande y el Naviglio Pavese, dos canales históricos que hace siglos conectaban la ciudad con el mar y que incluso fueron mejorados por Leonardo da Vinci para facilitar la navegación y el transporte de mercancías.
Las orillas están repletas de terrazas, bares, restaurantes y pequeños rincones con muchísimo encanto donde sentarte a tomar algo mientras ves reflejarse las luces sobre el agua. Merece la pena dar un paseo por la zona, cruzar sus puentes y acercarte al famoso Vicolo dei Lavandai, uno de los rincones más curiosos y fotogénicos del barrio. Para nosotros fue uno de los lugares más sorprendentes que ver en Milán.

Cementerio Monumental de Milán
A nosotros siempre nos han llamado mucho la atención los cementerios, no sabemos muy bien por qué, pero muchos tienen algo entre artístico, histórico y misterioso que acaba formando parte de la visita a la ciudad. Y en Milán se encuentra uno de los más sorprendentes que hemos visto. El Cementerio Monumental de Milán, inaugurado en 1866, parece más un museo al aire libre que un cementerio convencional, con enormes mausoleos, esculturas, obeliscos, templos y tumbas llenas de detalles que pertenecieron a algunas de las familias más importantes de la ciudad.
Mientras vas caminando encuentras auténticas obras de arte funerario, desde una pequeña réplica de la Columna de Trajano hasta esculturas inspiradas en la Última Cena o enormes panteones. Además, aquí descansan personajes italianos bastante conocidos como Alessandro Manzoni, Arturo Toscanini o Giuseppe Meazza. Otra curiosidad es que el cementerio tiene accesos separados para la zona judía y para los agnósticos. La entrada es gratuita y sinceramente nos pareció uno de los lugares más curiosos y diferentes que ver en Milán.
Piazza Gae Aulenti – La zona moderna que ver en Milán
La Piazza Gae Aulenti muestra la cara más moderna y futurista de Milán, rodeada de rascacielos, terrazas y edificios de cristal que contrastan muchísimo con el centro histórico. Aquí también puedes ver la famosa Unicredit Tower y el espectacular Bosque Vertical, dos de los rincones más fotografiados de la ciudad en los últimos años.

Estadio de San Siro
El Estadio de San Siro o Giuseppe Meazza es otro de esos lugares míticos de Milán, sobre todo si te gusta el fútbol. Yo tuve la suerte de asistir hace bastantes años a un partido de liga del Inter de Milán y todavía lo recuerdo perfectamente. Aquel día jugaban futbolistas como Ibrahimovic, Adriano, Figo, Zanetti o Stankovic, que además marcó dos auténticos golazos en la victoria del Inter por 2-1 frente al Catania. El ambiente de los aficionados interistas, los famosos nerazzurri, era espectacular y vivir un partido allí fue una experiencia muy difícil de olvidar.
Con capacidad para más de 80.000 personas, es el estadio más grande de Italia y uno de los templos históricos del fútbol europeo, compartido por el Inter y el AC Milan. Incluso aunque no haya partido merece la pena visitarlo por fuera o hacer el tour del estadio y museo, pero si durante tu viaje coincide algún encuentro del Inter o del Milan, te recomendamos reservar las entradas con bastante antelación porque suelen agotarse rápido.

Donde dormir en Milán
Milán es una ciudad bastante grande, así que es importante elegir bien la zona donde alojarte. Si buscas estar cerca de los principales monumentos y moverte caminando, los alrededores del Duomo son la opción más cómoda, aunque también de las más caras. A nosotros nos gustaron mucho zonas como Brera o Navigli, con más ambiente para cenar y salir a tomar algo, mientras que cerca de Milano Centrale puedes encontrar alojamientos más económicos y bien conectados con el aeropuerto y el transporte público. A continuación, te dejo una lista de recomendaciones de alojamientos que te van a encantar:
- Hotel Des Etrangers
- Art Hotel Navigli
- INTOMILAN Galleria Duomo I Boutique & Design Aparthotel
- London Hotel
- Castello Guest House Milano
Donde comer en Milán
En Milán se come súper bien y una de las cosas que más nos gustó de la ciudad fue precisamente ir descubriendo trattorias y restaurantes tradicionales mientras recorríamos sus barrios. Aquí no pueden faltar platos típicos como el risotto alla milanese con azafrán, la famosa cotoletta alla milanese o un buen ossobuco. Y sí, obviamente también vas a encontrar pizzas espectaculares y muchísimos sitios donde tomarte el clásico aperitivo italiano acompañado de un spritz al final de la tarde.
Las zonas donde más disfrutamos comiendo fueron Navigli y Brera. Nosotros una de las noches fuimos a cenar al barrio de Navigli, junto a los canales de Milán, y la verdad es que hay muchísimo donde elegir entre terrazas, restaurantes y locales con bastante ambiente. Al final acabamos cenando en Pizzium – Via Vigevano, en una mesa en la terraza junto al canal. Pedimos pizza y tiramisú (mi postre favorito en el mundo) y, sinceramente, hasta las cosas más simples en Italia parecen saber diferente. Brera, en cambio, tiene un ambiente más tranquilo y elegante, perfecto para cenar con algo más de glamour, aunque a precios más elevados.


Como llegar a Milán
Llegar a Milán desde España es bastante sencillo porque tiene vuelos directos desde muchas ciudades como Madrid, Barcelona, Málaga, Valencia o Sevilla, entre otras. La mayoría aterrizan en los aeropuertos de Malpensa, Linate o Bérgamo, todos bien conectados con el centro de la ciudad mediante trenes y autobuses. Para una escapada rápida, el avión sigue siendo la forma más cómoda y rápida de llegar.
Otra opción muy interesante, sobre todo si te gusta viajar por libre y hacer ruta, es ir en coche desde España. Desde Barcelona hasta Milán hay unos 980 kilómetros y el trayecto ronda las 10-11 horas sin contar paradas, atravesando el sur de Francia y cruzando los Alpes italianos. Desde Madrid la distancia es de aproximadamente 1.500 kilómetros y el viaje suele llevar unas 15-16 horas. Nosotros creemos que puede ser una ruta muy bonita si aprovechas para hacer noche en lugares del sur de Francia o combinar el viaje con otros destinos italianos.
Que ver cerca de Milán
Una de las mejores cosas de Milán es que está muy bien situada para hacer excursiones y descubrir algunos de los lugares más espectaculares del norte de Italia y Suiza. En pocas horas puedes pasar de una gran ciudad llena de moda y rascacielos a lagos alpinos, pueblos históricos o rutas de montaña impresionantes. Si tienes varios días, merece muchísimo la pena aprovechar para explorar los alrededores.
- Lago di Como: Probablemente la excursión más famosa desde Milán. Pueblos como Bellagio, Varenna o Como tienen un ambiente elegante y unas vistas preciosas junto al lago y las montañas.
- Dolomitas: Uno de los paisajes más espectaculares de Italia y de toda Europa, con montañas afiladas, lagos de color turquesa y carreteras increíbles. Lo ideal es dedicarles varios días.
- Bernina Express: Uno de los trayectos en tren panorámico más bonitos de Europa. Cruza Alpes, glaciares y viaductos espectaculares entre Italia y Suiza.
- Verona: La ciudad de Romeo y Julieta tiene muchísimo encanto, con calles elegantes, plazas históricas y uno de los anfiteatros romanos mejor conservados de Italia.
- Venecia: Una de esas ciudades que tienes que ver al menos una vez en la vida. Sus canales, puentes, góndolas y plazas históricas hacen que tenga un ambiente totalmente distinto a cualquier otra ciudad italiana.
- Bérgamo: Una ciudad menos turística pero muy recomendable, sobre todo su parte alta medieval rodeada de murallas y calles empedradas.
- Lago di Garda: Otro de los grandes lagos del norte de Italia, rodeado de pueblos bonitos, castillos y paisajes perfectos para una escapada corta.
- Turín: Elegante, señorial y bastante diferente a otras ciudades italianas. Perfecta si te gustan los cafés históricos, los palacios y el ambiente más local.
- Cinque Terre: Aunque queda algo más lejos, mucha gente aprovecha Milán para visitar estos famosos pueblos de colores junto al mar en la costa de Liguria.



