Que ver en Portugal – 10 lugares imprescindibles
Descubre los mejores lugares que ver en Portugal, nuestro país vecino, lleno de historia, paisajes que enamoran y una gastronomía, vinos incluidos, que engancha. He tenido la suerte de visitarlo en numerosas ocasiones, ya que mi hermano vivió muchos años entre Faro y Lisboa, y eso me permitió recorrer distintos rincones del país, desde el Algarve hasta la capital y alrededores.
Es fácil dejarse llevar por las callejuelas adoquinadas de Lisboa, los palacios de cuento de Sintra o los acantilados salvajes del Algarve, donde el Atlántico ruge con fuerza. Brindar con una copita de vino de Oporto al atardecer o perderse en los bosques indómitos de las Azores son momentos que se quedan grabados. Portugal se saborea, entre fados que emocionan, platos de bacalao y el aroma de sus vinos; un país que se vive con los cinco sentidos y que siempre deja ganas de volver.
A lo largo de los años he descubierto lugares que me han dejado huella: castillos que parecen sacados de un cuento, pueblos escondidos entre colinas y playas salvajes que miran al Atlántico infinito. Pero lo confieso, todavía me faltan muchos por conocer. Por eso, he preparado esta lista con mis favoritos personales y algunos que aún tengo en mi lista de sueños viajeros.
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Sigue leyendo para conocer los lugares imprescindibles que ver en Portugal, una guía que mezcla experiencias propias, lugares inolvidables y destinos de los que enomarse del país luso. ¡Vamos a ello!
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Lisboa
He estado en Lisboa varias veces, sobre todo cuando mi hermano vivía allí, y puedo decirte que es una ciudad que me encanta. Lisboa es una ciudad que enamora con su aire melancólico, el sonido del tranvía subiendo cuestas imposibles y la luz dorada que cae sobre los tejados cuando el día termina.
Lisboa se reparte entre siete colinas que parecen competir por las mejores vistas al río Tajo. En Alfama, las callejuelas empedradas serpentean entre casas antiguas donde todavía se escucha el Fado salir de alguna taberna.
Al otro lado, el Barrio Alto cambia por completo el ritmo. De día es tranquilo, con miradores que te dejan sin palabras, y de noche se llena de vida entre bares y terrazas. Y si te animas a subirte al tranvía 28, te aseguro que es una de las mejores formas de conocer Lisboa: pasa por algunos de los barrios más emblemáticos, cruza cuestas imposibles y te regala un retrato perfecto de la ciudad.
También está la Lisboa monumental, la de los grandes símbolos. El Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém te hablan de su pasado marinero y de los tiempos en los que Portugal dominaba los mares. Cerca de allí, el olor a canela te llevará directo a los famosos pasteles de Belém, recién hechos y todavía calientes.

Algarve
He tenido la suerte de visitar el Algarve en muchas ocasiones, sobre todo cuando mi hermano vivía en Faro. Aquellos días me sirvieron para conocer la esencia de esta región del sur de Portugal, pero en nuestro último viaje, una ruta en coche de siete días, pude descubrirla a fondo de verdad.
Desde el Cabo de San Vicente, donde el viento sopla fuerte y el Atlántico se siente inmenso, hasta la Praia da Marinha, con sus acantilados dorados y aguas transparentes, cada rincón tiene su encanto. Muy cerca se esconde la famosa cueva de Benagil, una de las maravillas naturales más conocidas del Algarve, que solo puedes admirar desde el mar. Por eso no te pierdas un tour en barco por la costa de Algarve, una de esas experiencias que te hacen ver la región desde otra perspectiva: acantilados impresionantes, calas escondidas y cuevas que el agua ha esculpido con paciencia durante siglos.
visitarSi te gusta caminar, el Percurso dos Sete Vales Suspensos es una de las rutas más bonitas de todo Portugal. Los senderos van bordeando el mar entre acantilados y miradores que te dejan sin palabras. Y cuando busques visitar algún pueblo pintoresco, no te pierdas Lagos, Albufeira, Sagres, Faro, Olhão o Loulé.
Entre las playas que más me han marcado están Praia do Carvalho, una cala escondida entre paredes de roca, Secret Beach, un rincón todavía poco conocido donde el mar y los acantilados forman un escenario de película, o Praia do Camilo, en Lagos, donde las escaleras de madera te guían hasta un paraíso de aguas turquesas. También merecen un lugar especial Praia da Bordeira, con su enorme extensión de arena y dunas, Praia do Amado, muy popular entre surfistas, y Praia de Dona Ana, perfecta para ver el atardecer reflejarse en las rocas anaranjadas.
Sin duda, la región de Algarve es una de nuestras zonas preferidas que ver en Portugal.

Sintra
A unos 30 kilómetros de Lisboa se encuentra Sintra, un lugar que parece sacadio de un cuento de hadas. Solo he estado una vez, pero fue suficiente para entender por qué tantos la describen como un destino mágico. Envuelta por bosques húmedos y colinas cubiertas de niebla, esta villa fue durante siglos el refugio de los reyes portugueses.
En Sintra podrás descubrir palacios escondidos entre la vegetación, como el Palacio da Pena, con sus colores imposibles, o la Quinta da Regaleira, con su pozo iniciático y jardines misteriosos.
También merece la pena subir al Castelo dos Mouros, que ofrece unas vistas espectaculares del valle, o visitar el elegante Palácio Nacional de Sintra, con sus icónicas chimeneas blancas. Es uno de los lugares más impresionantes que ver en Portugal, y me atrevería a decir, de toda Europa.

Islas Azores
Las Azores son un paraíso de naturaleza salvaje en medio del Atlántico. Este archipiélago volcánico formado por nueve islas es un lugar donde la tierra aún respira entre fumarolas, cráteres y acantilados cubiertos de verde intenso. En São Miguel, la isla más grande, te esperan paisajes que parecen de otro planeta: la Lagoa do Fogo, las lagunas gemelas de Sete Cidades, los miradores del Nordeste o las aguas termales de Caldeira Velha y Poça Dona Beija, perfectas para relajarte al final del día. También merece la pena visitar Furnas, un pueblo donde el calor del volcán se aprovecha para cocinar el tradicional cocido das Furnas bajo tierra, una experiencia tan curiosa como deliciosa.
Cada isla guarda su encanto. En Pico puedes caminar entre viñedos volcánicos con vistas a su enorme monte, en Terceira perderte por las calles de Angra do Heroísmo, y en São Jorge descubrir acantilados y fajãs que parecen suspendidas entre el mar y las nubes. Ya sea navegando entre ballenas, bañándote en piscinas naturales o recorriendo senderos entre hortensias, las Azores te regalan esa sensación de estar en un lugar remoto y auténtico.

Oporto
Oporto es una de las ciudades más bonitas que ver en Portugal, eso no lo discute nadie, y es que tiene una magia difícil de explicar. Basta con pasear por el barrio histórico de Ribeira, a orillas del río Duero, para entenderlo. Te vas dejando llevar por sus calles empedradas, entre fachadas cubiertas de azulejos y pequeñas tabernas donde el olor a vino y bacalao lo llena todo. Cruzar el Puente Luis I hacia Vila Nova de Gaia es una de esas experiencias que no se olvidan, sobre todo cuando lo haces al atardecer, con el reflejo dorado del sol sobre el agua y las bodegas al fondo esperando una buena copa de vino de Oporto.
También hay lugares que hacen que te enamores aún más de la ciudad: la Librería Lello e Irmão, una de las más bellas del mundo; el Mercado do Bolhão, con su esencia tradicional; o la subida a la Torre de los Clérigos, desde donde las vistas son espectaculares. Puedes perderte por el barrio de Barreda, visitar iglesias decoradas con azulejos o disfrutar de la puesta de sol desde el Jardim do Morro. Y si te queda energía, un paseo en bici por Foz do Douro, donde el río se encuentra con el Atlántico, es el cierre perfecto antes de terminar el día cenando bacalao y brindando con un vino local en alguna taberna.

Alentejo
El Alentejo es una de las regiones más genuinas y menos conocidas que ver en Portugal. Entre colinas doradas, pueblos blancos y campos infinitos de olivos, encontrarás lugares con una historia fascinante. En Évora, su capital, te esperan joyas como el Templo Romano de Diana o la enigmática Capela dos Ossos, mientras que en Elvas destaca el impresionante Forte da Graça, una fortaleza en forma de estrella que defendía Portugal de España.
Si sigues hacia la Costa Vicentina, el paisaje cambia por completo: acantilados imponentes, playas solitarias y pueblos marineros como Zambujeira do Mar o Porto Covo, perfectos para conocer mejor Alentejo. Lo mejor es disfrutar de una copa de vino alentejano en la mesa y un plato de migas con carne de cerdo o açorda alentejana recién hecha, mientras el sol se esconde sobre los campos dorados.

Madeira
Situada en pleno Atlántico, a unos 1000 km de la costa de Portugal, Madeira es una isla de origen volcánico y con un relieve montañoso que corta el aliento. Aquí encontrarás algunos de los acantilados más altos de Europa y los frondosos bosques de laurisilva, un ecosistema único que casi ha desaparecido del continente.
Sus antiguas levadas, los canales de riego que recorren la isla, se han convertido hoy en senderos perfectos para explorar cascadas, miradores y paisajes imposibles. Con su clima templado durante todo el año, siempre es buen momento para disfrutar de sus playas y calas escondidas, como Praia do Seixal o Calheta.
La capital, Funchal, es el alma de la isla. Su puerto fue punto clave en las rutas hacia América, y aún conserva ese aire marinero en sus calles y en el Fuerte de São Tiago, que protegía la ciudad de los piratas. No te pierdas el Mercado dos Lavradores, lleno de color y frutas tropicales que le han valido a Madeira el nombre de ilha jardim, la isla jardín. Desde aquí puedes recorrer pueblos encantadores como Câmara de Lobos o Santana, con sus casas de techo de paja, y terminar el día con un vino de Madeira en la mano, viendo cómo el sol se esconde entre montañas y mar.
Óbidos
Óbidos es uno de esos pueblos que parecen sacados de un cuento, con murallas que abrazan sus calles empedradas y casas encaladas cubiertas de buganvillas. Recorres la Rua Direita entre tiendas de artesanía y terminas probando una copita de ginjinha, el licor típico de cereza que aquí se sirve en vasitos de chocolate. Es pequeño, pero tiene una magia enorme, sobre todo al atardecer, cuando el sol tiñe de dorado las murallas.
Nazaré
Nazaré es el alma atlántica de Portugal. Un pueblo pesquero que se hizo famoso por sus olas gigantes, esas que atraen a surfistas de todo el mundo en el mirador de Sítio. Pero más allá de la adrenalina, tiene una esencia auténtica con sus barcas de colores en la arena, mujeres con las tradicionales faldas de siete capas y restaurantes donde el pescado se sirve recién sacado del mar.

Coimbra
Coimbra es una ciudad histórica donde aún resuena el fado más íntimo, cantado por estudiantes con capas negras. Su Universidad de Coimbra, una de las más antiguas de Europa, domina la ciudad y ofrece vistas espectaculares al río Mondego. Entre sus calles empedradas encontrarás la Biblioteca Joanina, librerías antiguas y tabernas donde probar el tradicional leitão da Bairrada acompañado de un buen vino local.


